¡¡FELIZ NAVIDAD!! Desde este rincón del ciberespacio el Grupo sin Almia no quiere ser menos en estas fechas y lanza su mensaje de buenos deseos: para que el próximo año venga cargado de FELICIDAD.
Merece la pena estar feliz, estar contento. En todos los ámbitos de la vida. Pero si hablamos del entorno empresarial al que aludimos en estas páginas, la FELICIDAD mejora la PRODUCTIVIDAD. Deseamos que los trabajadores sin Almia sean FELICES. Deseamos que las empresas con Almia sepan de la importancia de tener trabajadores FELICES y sean capaces de aprender a conseguir que lo sean. Es más, deseamos que el panorama empresarial esté formado por gente, grupos y empresas SIN Almia. Porque de nada sirve un trabajador feliz, motivado y productivo en una empresa con Almia. Ser feliz en el trabajo es crucial tanto para los empleados (que le dedican más tiempo a la jornada laboral que a cualquier otra actividad diaria, si exceptuamos las imprescindibles y reparadoras horas de sueño) como para la propia empresa (que por ese motivo debería plantearse hacer del centro de trabajo un lugar donde la gente se sienta feliz mientras desempeña sus labores).
La empresa con almia presupone que su éxito empresarial sólo se mide en términos como Innovación (“mis proyectos son los más innovadores”), Cambios rápidos (“en un año hemos alcanzado un crecimiento exponencial pese a las circunstancias adversas”), Rentabilidad (“facturamos millones de euros”), Liderazgo (“somos un referente en el sector en el que nos movemos”)…
Y detrás de todo eso, ¿qué se encuentra? Los proyectos no los sacan adelante las máquinas o las aplicaciones informáticas. Detrás de un proyecto exitoso hay gente trabajadora, productiva, y feliz con su labor realizada. El empleado es algo más que una “mano de obra” sin sentimientos, necesita estar motivado para sentirse comprometido con la empresa y desarrollar todo su potencial como trabajador. Y eso sólo se logra cuando el empleado se siente “feliz”:
- Productividad. Los mejores resultados los consiguen los empleados felices con su trabajo, y se sienten orgullosos de eso.
- Calidad. Un empleado feliz se empeña en realizar un trabajo de calidad, no pretende simplemente sacar las tareas diarias porque sabe que lo que hace es importante y porque se le reconoce su trabajo hecho.
- Fidelidad. Los empleados que se sienten a gusto en una empresa querrán trabajar para ella, porque se sienten integrados y con energía.
Y para llegar a ese punto una organización empresarial tendría que seguir una estrategia “sin almia”, cuyos pilares podrían fundamentarse en:
1.-Seguridad y confianza. La empresa debe “ganarse” a sus trabajadores, estos deben sentirse seguros en su entorno, física y mentalmente. No basta con cumplir los requisitos mínimos establecidos por las normas de prevención de riesgos laborales (temperatura, espacio adecuado, ergonomía del puesto de trabajo…). El trabajador debe sentir una seguridad laboral básica (saber que tiene un puesto de trabajo reconocido y estable, sin el temor a un despido injustificado, con un salario que le permita vivir).
2.-Estimular a sus empleados. Hay ciertos valores añadidos en una empresa, no necesariamente imprescindibles pero que pueden propiciar que el trabajador se sienta implicado, generar una imagen positiva desde dentro de la propia compañía (la reputación corporativa no sólo se consigue con las percepciones de los grupos externos que se relacionan con la empresa, como clientes, proveedores, medios de comunicación, etc.). Por ejemplo, ofrecer ventajas para la conciliación familiar y laboral, bonus o variables, “gratificaciones” como café gratis, bonos de comida o un acto-celebración anual, aportaciones para planes de pensiones o beneficios sanitarios. Muchas empresas ofrecen algunos de estos “plus” para tener contentos a sus empleados, es un hecho evidente y más o menos accesible: sólo requiere cierta inversión de dinero.
3.-La elección de la felicidad. No basta con ofrecer al empleado un trabajo estable y remunerado, o incluso aderezarlo con determinados beneficios añadidos. En el propio empleado está la “elección de ser feliz” con su trabajo. Y hay empresas que no tienen en cuenta este hecho, ya que consideran que su único compromiso con sus trabajadores es ofrecerles trabajo que realizar a cambio de un sueldo, y además (dependiendo de las capacidades económicas y las ganas de cada empresa concreta) unos extras para que “no se quejen”. Creen que con eso el trabajador necesariamente debe considerarse “feliz” y motivado para dar lo mejor de sí para la empresa. ¿Cómo se conseguiría que un empleado “elija” ser feliz en su puesto de trabajo? Sólo cuando la empresa tiene en cuenta a sus empleados, implicándose en sus necesidades como trabajadores, para lo cual es imprescindible que los directivos sean seres humanos y no sólo un status superior al equipo productivo.